EL PARCHÍS, UN JUEGO MILENARIO
Su origen es incierto, hay indicios que nos acercan al mundo maya del siglo VII (Partida de Patolli del Códice Magliabecchiano) aunque la palabra parchís procede del indí pacisi o pacis, que significa 25. Cifra máxima que se podía puntuar al lanzar las conchas de caurí que los indios usaban como dados. A su vez, el pacisi (que se pronuncia más o menos parchisi) es la abreviatura de un juego llamado chaupar, de gran tradición en la India. No hay pruebas fehacientes pero el juego chino ch’u-p’u, mencionado en un texto datado del reinado de la dinastía Song (960-1279), pugna por ser un antecesor del pacisi indio.
A finales del siglo XVI, el emperador Akbar el Grande, gobernante del imperio mogol, usaba un juego parecido al parchís. Un tablero de mármol en forma de cruz donde las fichas eran dieciséis muchachas de su harén divididas en cuatro equipos diferenciados por el color de sus ropajes. En el centro del tablero cómodamente sentado, esperaba el emperador. El juego se popularizó entre las clases humildes, que usaban como tablero un paño pintado o bordado; como fichas, pequeñas piedras coloreadas, y como dados, las conchas de caurí. Los misioneros jesuitas Antonio de Montserrat y Rodolfo Acquaviva, quedaron fascinados con el juego sobre todo al observar que el tablero tenía forma de cruz. Al comprobar que nada tenía que ver con la obra de Dios, debieron quedar decepcionados y apenas lo mencionan en sus textos.
Fueron los ingleses quienes introdujeron el juego en Europa en en el siglo XVIII durante su colonización del subcontinente indio. La propia reina Victoria se hizo muy aficionada al juego, y en 1862 apareció a la primera versión occidentalizada, que recibió el nombre de Parkase. La aristocracia lo convirtió en un juego de salón para adultos, donde se aceptaban apuestas, llegando a hacerle la competencia a los juegos de cartas.
Progresivamente, el juego fue instalándose en las mesas familiares de Europa con nombres diferentes: en Alemania se le bautizó como Mensch-ärgere-dich-nicht (literalmente: no te enfades, hombre ); en Italia, Chi va piano va sano (quien va despacio se vuelve sano); en Francia Le Jeu de Dada (el juego de Dada); en Suiza Eile mit Weile (la prisa hace desperdicio), y en Finlandia Kimble.